domingo, 3 de agosto de 2008

Home Cinema de Verano




Tambien se podría llamar Cortijo Summer Cinema.
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Cuando eramos niños pasábamos todos los veranos, fines de semana y demás fiestas en el Cortijo, y nuestro padre nos ponía películas con el proyector de Super8. En invierno dentro del comedor, colgando una sábana delante de la cortina de uno de los ventanales y en verano usando como pantalla la fachada del propio Cortijo.
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Una noche de invierno vimos "Pánico en el Transiberiano", producción española protagonizada nada menos que por Christopher Lee y Peter Cushing, actores enormes y míticos de los que se podría escribir un tratado, almas de las películas de la Hammer Films (Drácula y Frankenstein en diversas ocasiones, "El sabueso de los Baskerville" y demás) y que hasta nuestros días han llegado hermanados en la saga de todas las sagas, "Star Wars", dado que Cushing interpretó al Grand Moff Tarkin en el Episodio IV y Lee al Conde Dooku/Darth Tyranus en los Episodios II y III, siendo conocido también para los más jóvenes por representar a Saruman en otra saga memorable, "EL Señor de los Anillos".
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Pues bien, la película de "Pánico en el Transiberiano" los unió en la lucha contra un monstruo que atacaba a los viajeros del famoso tren en su trayecto por las estepas heladas, y aquel día de hace más de 25 años en el Cortijo empezamos a ver la película diseminados por la habitación, cada uno en un sofá o sillón, y conforme avanzaba la trama y se sucedían las muertes truculentas, las apariciones monstruosas y los sobresaltos, todos íbamos arrebujándonos en el sofá con mi madre a razón de un hermano cada rollo.
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Porque como en el cine, las películas de Super8 iban divididas en 3 ó 4 rollos según la longitud, así que al acabar cada rollo uno de mis hermanos saltaba de su sitio y se colocaba abrazado a mi madre... así hasta llegar al ultimo rollo, en que mis hermanas le pidieron a mi padre que no lo pusiera... y nos quedamos sin saber como acababa la película.
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Este fin de semana he querido saldar la deuda pendiente con nuestra infancia y me he llevado para allá un proyector de video, milagrosamente lo he colocado a la primera en el sitio justo (enmarcada la imágen al milímetro entre los zócalos de la puerta de entrada y una de las ventanas... ¡vaya ojo!) y hemos disfrutado de un programa triple de Cine de Verano Cortijero.
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En primer lugar un corto (tradición tristemente perdida la de incluirlos en los pases cinematográficos) del que ya hablamos alguna vez por aqui, se trata de "Batman: Dead End", un corto de aficionados con un nivel de producción que nada tiene que envidiar a los grandes estrenos de Hollywood, y que dado lo próximo del estreno de "The Dark Knight" era de lo más apropiado.
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El programa doble se inició, como no podía ser de otra manera, con "Pánico en el Transiberiano", y para no faltar a la tradición, la parte final de la película estaba defectuosamente grabada y nos perdimos algún trozo por problemas de lectura del DVD... eso pasa por querer enderezar los renglones que la Historia torció. Memorable el momento en que encerrados los pasajeros en sus departamentos y sin saber quien puede ser el monstruo, el revisor previene a los personajes del peligro que correrían si uno de ellos fuese quien se transforma en monstruo. Ofendidos le miran y la exclamación no puede ser otra que "¡Imposible, señor! Somos ingleses"... o cuando Peter Cushing, ya mayor, que estaba cenando junto a la joven y bella Helga Liné (rivalizando en hermosura con una veinteañera Silvia Tortosa) es interrumpido por otro personaje que le impele a realizar una autopsia a la última víctima. Se levanta Cushing, se dirige hacia su ayudante, una señora mayor de indescriptible aspecto y le pide "creo que necesitaré su ayuda"... la colaboradora le mira, mira a la jóven con la que estaba cenando y le espeta "a su edad, no me extraña"... descacharrante.
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A continuación sufrimos "Death Proof", infumable basura de Quentin Tarantino que no merece más comentario que decir todo lo alto y claro que se pueda que es una puta mierda.
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No obstante, la velada fue maravillosa y nos permitió revivir los momentos de nuestra infancia, volver a disfrutar de la incomparable sensación de ver una película con el cielo cuajado de estrellas, pudiendo distinguir claramente la Vía Lactea y distinguiendo ocasionales estrellas fugaces, aviones y quien sabe si algún OVNI, mientras degustábamos nuestros bocatas de jamón, los granizados de limón del tío el Chambi, las cookies caseras, las pipas... y el fin de semana que viene MÁS.

Posted by Picasa

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